Inicio mi relato con la frase : «He sido un hombre afortunado en la vida nada, me fue fácil«. Sigmund Freud.

La vida no es gratis, viene de la mano de problemas a resolver y retos a superar. Como cuando éramos niños y jugábamos a las maquinas, podemos pasar o no pasar de pantalla.

Superar niveles y adquirir cotas de felicidad. No todos somos iguales, ni llegamos al mismo punto, depende de hasta donde queramos andar y de con que nos conformemos.

El conformismo de malvivir, de sobrevivir al día a día, sin un plan de futuro, atenta contra nuestra salud mental, dibujando la muerte como una exit, salida.

Otros sin embargo viven en un suficiente, van pasando justos con poco margen de holgura y una sensación de inseguridad e inestabilidad permanente.

Por que no hacer un notable de nuestra vida, si el problema no es tener problemas es no resolverlos.

No es lo que nos pasa sino la actitud frente a lo que nos pasa, lo que determina la diferencia.

Estamos acostumbrados a olvidar y aparcar los problemas, como si fueran pantallas minimizadas de un ordenador, como si estando sobrios estubieramos ebrios, como si dejando de ver dejara de existir.

En esto malgastamos nuestra energía y perdemos nuestro tiempo, en no encarar, camuflar, minimizar nuestras dificultades. No están de forma manifiesta pero permanecen latentes, te persiguen por dentro. Cada noche, cada rato, te acompañan, oscureciendo el día.

Para cuando despiertas tu vida pierde sentido y el miedo crece mientras tu vida hace aguas y la única solución es empezar a achicar, sin saber como empezar…empiezas.

Te embarga la ansiedad y aunque a veces vuelvas a perder el sentido continuas.

El no puedo, se convierte en no se y el no se en ya lo investigo y cuando no puedo persisto mañana y el mañana te da nuevas oportunidades y la realidad aparece posible.

Con la persistencia y el paso del tiempo cuando hago que este juegue a mi favor, alguna de esas pantallas minimizadas que te daban tanto miedo se cierran y por fin te entra un soplo de aire y respiras, no suspiras.

Así paso a paso vas cerrando heridas, vas viviendo y no sobreviviendo.

No es lo que te sucede, a todos en nuestra larga o corta vida nos suceden cosas, que no decidimos que irrumpen inesperadamente y cuestionan nuestros recursos y hacen tambalear el Sentido de nuestra Exitencia.

La actitud frente a lo que te sucede es lo que dirige tu rumbo y tiene que ir acompañado de un buen equipo, que te apoye, te guíe y te oriente, porque solos estamos demasiado a expensas de los vaivenes de nosotros mismos.